Previously en Desventuras…No hace frío, es que tengo un fantasma pegado.
Ese día amaneció lloviendo...Y ya no paró en todo el día.
No fue como la leve llovizna del día anterior, que hasta resultaba refrescante, no. Hoy, la lluvia amenazaba con ahogarlas. Tanto que Criatura se enfundó la sudadera con capucha a modo de bufanda salvavidas para intentar que sus gafas de sol no se mojaran y proteger así sus ojos de la lluvia y resguardar dentro una enorme cámara de fotos.
Otro que amaneció guerrillero fue el dedo de Cosa, se había hinchado (más) por la caminata y no toleraba el roce del calcetín.
Cosa lo mandó callar, rompió el calcetín para dejar la uña al aire y metió papel higiénico en la bota para procurarle un ambiente blandito con la esperanza de aguantar igual de bien que ayer la caminata de ese día.
No coló.
Iniciaron la aventura y Criatura, que aunque es pequeña tiene un paso veloz, dirigió la marcha con su gps, que intentaba perderlas a la mínima ocasión, mientras Cosa, poco a poco, se iba quedando atrás.
Dos horas después, llegaron a La Granja de Georgie y, nada más ver el ambiente, dieron media vuelta y se fueron a Water of Leith.
El lugar era encantador, con un pequeño puente que atravesaba un río con muchos patos.
A Cosa le recordaba un poco a Brujas, pero más verde y con mucha menos gente. Criatura estaba emocionada decidiendo dónde quería una foto y cómo.
Ninguna cayó al río.
Y eso que los patos tentaban a Cosa y Criatura se subió a una resbaladiza piedra.
A las 14h, caladas hasta los huesos, se metieron en un Greggs para comer y entrar en calor.
El día anterior habían probado las patatas sabor haggis, el batido Mars y un bocadillo de supermercado, hoy, con la última comida a las 19h y sin haber desayunado, arramplaron con todo lo que había.
Tenían que coger fuerzas, pues pretendían ver el barrio de Stockbridge y el Jardín Botánico, este último con la sana intención de jugar con las ardillas.
Pero no paraba de llover. Cosa apenas podía andar y a Criatura se le estropeó la cámara.
Por eso no pudo fotografiar como Cosa, a pesar del dolor, hizo un pequeño sprint al localizar a un gato doméstico y se tiraba al suelo junto a él.
Otro español que pasaba por allí, al ver la escena, se acercó a Criatura.
-¡Que salado es! Voy a llamarlo...Gato…¡Gato!...No me entiende, debe ser inglés.
Y se fue.
Ellas también se fueron, pero al alojamiento. La lluvia las siguió con más fuerza si cabe y acabaron tomando un autobús.
Mientras Criatura intentaba resucitar su cámara, Cosa agonizaba débilmente en la cama.
Continuará...
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